El Ángel que ilusiona a River: los secretos detrás de la figura de Correa

Julio. La Selección Argentina regresa al país desde Estados Unidos luego de haber perdido la final del Mundial contra España. Buena parte del país, todavía triste por esa imagen de Messi llorando de cara a la tribuna. Mientras, en Núñez arrancan días frenéticos. De conversaciones hasta muy tarde. De fuertes idas y vueltas. De llamados con Nueva León, México, donde hay tres horas menos. De insistencia y posturas fijas. River quiere cerrar a Ángel Correa, Tigres le cambia cuatro veces las condiciones preacordadas, el jugador hace fuerza para irse. El final es conocido.

Vaya si valió no haberse bajado: pese a que siempre hubo optimismo para que el pase se diera, de a poco se olfateaba que este delantero de total jerarquía iba a ser uno de los estandartes de la reconstrucción de River. Por algo, su llegada fue con bombos, platillos, luces y papelitos, además de una histórica camiseta #10 que no dudó en aceptar. Y, como si fuera poco, a las 24 horas de aterrizar ya ingresaba para intentar cambiarle la cara a un equipo que se caía a pedazos en la derrota contra Barracas Central de la primera fecha.

Algo se olía. El tema es que no se sabía que su calidad y talento individual iban a quedar plasmados tan rápido, dejando a un lado la siempre complicada readaptación al fútbol argentino e incluso sobreponiéndose a un nivel colectivo que recién en la goleada de este domingo dejó de ser pobre. No es casualidad que, por consenso, sea el mejor jugador de River en lo que va del semestre y el abanderado de la llama de ilusión que empieza a aparecer para intentar cerrar el 2026 con el título del Clausura.

Créditos: ESPN.

Lo de este domingo fue el punto más alto para este talentoso de 31 años que no por nada jugó 10 años y medio en el Atlético de Madrid. Un recital de gambetas, búsqueda constante de ir hacia adelante, asociaciones de calidad con sus compañeros, generación de situaciones de peligro y el agregado del gol, con una definición de puntín que tuvo su sello de calidad.

“Tenemos jugadores de Selección y Angelito es uno de ellos, muestra lo que hizo en casi todos sus clubes. De a poco va entendiendo el mundo River, que no es fácil para llegar y comprender lo que sucede alrededor. Pero él tiene la calidad para hacerlo. Esperemos que nos pueda dar más alegrías”, lo elogió Leo Ponzio, el entrenador que le encontró su posición más cerca del área y no tan retrasado para tener que hacerse cargo de la gestación.

Marca la diferencia

Los números, en este caso, mienten. Su aporte es superior a los cuatro tantos y dos asistencias que acumula en 14 partidos (1.153’). Y los u$s 15 millones brutos que pagó el club para quedárselo hasta empiezan a quedar baratos en comparación a lo que viene dando y la proyección que tiene para un 2027 que todos en Núñez sueñan que sea jugando la Copa Libertadores. Un talento indispensable que deleita y despierta elogios en muchos hinchas.

Video: ESPN

De todos modos, las luces no encandilan al Ángel futbolístico de este River. Destacado en los entrenamientos con cosas que sorprenden al cuerpo técnico y hasta hacen que algún trabajador del Camp pispee para intentar ver sus genialidades, jamás pierde la humildad. Correa es un tipo sencillo, capaz de compartir un mate en las escaleras del túnel cuando la práctica es en el Monumental o en el gimnasio de Ezeiza y de ayudar a los más jóvenes. Alguien que, pese a ser un campeón del mundo, no se olvida de su cruda infancia en Santa Fe, en la que a los 10 perdió a su papá, a los 12 a uno de sus hermanos y su mamá Marcela pasaba hambre o lo engañaba con un mate cocido sólo para que los chicos tuvieran algo para comer una vez al día.

En cada paso que da en esta nueva vida en Argentina, también está su amigo Thiago Almada, una fiel compañía que lo banca y va con él a todos lados. No es el único con el que Correa se mueve a diario: en el Camp, las risas tampoco faltan con los otros héroes de Qatar (fundamentalmente Otamendi) y con un Tobías Andrada al que ya conocía por compartir la misma agencia de representación. Risas que también surgen cuando en la interna habla de sus habilidades en el pádel, deporte del que hace poco inauguró un club en España.

Todas cosas que forman la personalidad y son parte de los secretos de la figura que ilusiona al mundo River con poder terminar este año con una sonrisa. Por algo, después de la final del Mundial perdida por la Selección, desde el club insistieron tanto en tenerlo, incluso con llamados más allá de la medianoche. Valía la pena. Hoy, el futuro del equipo tiene tintes angelados…

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