En Boca no se regalan los elogios. Mucho menos si salen de la boca de un campeón del mundo. Por eso, cuando Leandro Paredes frenó la pelota y apuntó directo a un pibe de la Reserva, el radar se encendió solo: “Hay un chico, Leo Flores, que juega muy muy bien. Hay mucho nivel”. Palabra pesada en un club donde el filtro es feroz.
Y Flores respondió donde hay que responder: en la cancha y nada menos que en un superclásico ante River por la Reserva. Gol para el 2-0, de esos que valen doble por contexto. Córner desde la derecha, peinada en el primer palo y el pibe, con olfato de área, la empujó y salió disparado a festejar mirando al palco. Ahí, donde estaban los grandes. Un grito con mensaje.
Pero la historia de Boca con Flores no empezó ahí. Nacido en 2007 y criado en Béccar, el delantero llegó al club con apenas siete años. Desde entonces, construyó una carrera a puro sacrificio. Durante gran parte de su formación, el despertador sonaba 5:30 de la mañana. Viaje largo, rutina pesada y una idea fija: en Boca, si no das el doble, no alcanzás.
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Ese ADN competitivo se trasladó a la cancha. Flores tiene una pegada diferencial. De hecho, ya dejó una perla que recorrió el predio entero: gol olímpico ante Platense en la Reserva. Precisión quirúrgica, de esas que no se enseñan.
Su crecimiento fue sostenido pero también explosivo. En 2023, bajo la conducción del Chipi Barijho en Séptima, fue pieza clave en un equipo campeón. Goles, desequilibrio y personalidad para ser promovido rápido. Boca detectó que ahí había algo distinto.
El salto institucional llegó el 10 de septiembre de 2024: firma de su primer contrato profesional junto a Raúl Cascini. Un paso lógico para un pibe que ya venía golpeando la puerta. Y aunque todavía espera su debut en Primera, ya empezó a meterse en convocatorias con Claudio Úbeda. Sí, en parte por lesiones. Pero también porque en el club saben que hay material.
Flores tiene gol, tiene historia y ahora tiene respaldo. El de sus compañeros, el del Consejo y el de un campeón del mundo. En Boca eso no te asegura nada, pero te pone en el lugar justo: el de los que están a un paso.
Y él ya dio uno grande. En un superclásico. Mirando al palco. Como para que nadie se haga el distraído.
El gol de Flores a River
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