El Monumental es un estadio pero también un termómetro. Un indicador de los ánimos de los hinchas de River. De sus sensaciones y sentimientos. Quedó expuesto por enésima vez frente a Vélez: la previa fue una mezcla emotiva de gratitud para algunos ex, de recuerdo folclórico para Guillermo y de actualidad, también.
Dentro de ese contexto, después del triunfo ante Argentinos y del empate ante Independiente Santa Fe en Colombia, el ánimo pareció apaciguarse: si un domingo antes se habían oído cantitos exigiendo, las palmas del Monumental a las 18.37 fueron señal contemplativa. Cantos de tracklist habitual. Acompañada por los aplausos durante las formaciones: Santi Beltrán, Martínez Quarta, más fuerte para Otamendi, mucho más alto para Thiago Almada, Correa y Andrada, además del pibe Freitas y Lucas Beltrán.
Entre los suplentes, también se aplaudió fuerte a Acuña, Driussi, Borré y Montiel y fallo dividido con Tomás Galván. Sólo hubo algunos silbidos a Rivero y Vera. Y cuando nombraron a Coudet, los chiflidos reaparecieron aunque más tenues que ante Argentinos. Por caso, en alta intensidad se oyó la reprobación a Darío Herrera producto del recuerdo del Súper y el penal no cobrado de Lautaro Blanco a Lucas Martínez Quarta.
La reacción con Guillermo y los ex
De un tiempo a esta parte, los anuncios de las formaciones de parte de voz del estadio se volvieron tendencia en Núñez. Ese mini Cabildo abierto alcanzó para conocer el nivel de aceptación (o reprobación) de propios y extraños.
En esa línea, fecha a fecha hay momentos hasta spoileables como la silbatina en alta intensidad a Guillermo, a quien le recuerdan haber perdido la final de la Copa Libertadores en 2018, en Madrid. El hit “el que no salta…” remite a aquel 9 del 12. Sin embargo, también hay reacciones más espontáneas.
Un ejemplo fue el aplauso para Manuel Lanzini. El segundo ciclo de Manu, quien volvió al Liberti por primera vez desde que emigró post Mundial de Clubes 2025, generó más expectativas que realidades: 49 partidos y dos goles, con altibajos de rendimiento y lesiones que le complicaron el andar terminaron conspirando con un regreso que había generado esperanzas.
Algo similar pasó cuando la voz nombró a Rodrigo Almendro. Tres veces campeón (todas con Martín Demichelis), en la gente que le dedicó palmas parece pesar más aquel gol para el triunfo ante Estudiantes en la Supercopa Argentina 2024 – último campeonato que ganó River– que el declive que protagonizó posteriormente.
Con Elías Gómez ocurrió algo similar aunque con mayor indiferencia, casi un silbido de arrastre interrumpido abruptamente. En parte porque el ambiente tapaba a la voz. Pese a que fue campeón en 2023 (LPF) luego emigró y ya lleva bastante fuera del club. Y nunca logró terminar de identificarse con River. Algo contrario a lo de Emanuel Mammana.
También criado como Lanzini en las Inferiores, Emanuel también recibió un aplauso de parte de la gente. Si bien el físico le llegó a pasar factura antes de ponerse a la par -y de perder terreno cuando, según él, estaba para jugar – siempre demostró su cariño por la institución. El hincha no lo olvidó.



