La frase pasó inadvertida para muchos. Menos, claro, para los conocedores de esa mítica historia. El Vasco Arruabarrena, en definitiva, volvió al Morumbí 26 años después de aquella final de la Copa Libertadores 2000 que fue la génesis del Boca copero y multicampeón de Carlos Bianchi. Y tras otra noche de festejo en un estadio talismán para el Xeneize, el DT se encargó justamente de recordar la mística del Virrey de una manera muy particular.
Tras la clasificación a las semifinales de la Copa Sudamericana, al Vasco le preguntaron en conferencia cómo lo había recibido el Morumbí tantos años después. Y el DT no dudó en recordar algo que, indudablemente, marcó a ese plantel campeón de América en el 2000. “El túnel está cambiado, hoy no había papelitos pegados, la cantidad de gente era más o menos la misma, el campo estaba espectacular…”, dijo Arruabarrena, en un relato que, en el medio, viajó al pasado.
En efecto, lo que parecía una frase extraña, se convirtió en el recuerdo mejor atesorado: el “no había papelitos pegados” fue casi un homenaje para el Virrey, su maestro, el hombre que lo marcó como DT y al que sucedió encima como entrenador en el 2014. ¿A qué quiso referirse con eso? A la estrategia que Bianchi utilizó en aquella final ante Palmeiras para motivar a su equipo tras el 2-2 en la Bombonera, que tuvo justamente a Arruabarrena como goleador inesperado (marcó los dos goles en la ida).
El Vasco recordó en una entrevista con Olé el doblete que hizo en la final de ida de la Libertadores 2000.
Así nacieron “los papelitos”
Fue a la mañana siguiente de ese partido que se disputó en el Templo el 14 de junio del 2000. No bien abrió bien temprano por la mañana la sección de deportes del diario La Nación, Bianchi tuvo bien claro lo que iría a hacer con un titular de Luiz Felipe Scolari, el DT de Palmeiras, su rival, que le llamó la atención: “Ya nos sentimos campeones”, había dicho Felipao. Sí, se había ido de boca…
Durante la semana, el Virrey primero llamó a cada uno de los empleados del departamento de fútbol del club que viajaban a todos los partidos de la Libertadores para que armaran reportes diarios de las noticias que salían en los medios brasileños y les pasó el recorte del diario que él había visto para que hicieran fotocopias. Todo, claro, con absoluta reserva.
Fueron unas 20 copias, que el DT sabía que iba a utilizar para enfocar todavía más a sus jugadores y para llenarlos de sed de revancha en el momento oportuno: sí, en el mismísimo Morumbí. Y ya en el mediodía de aquel glorioso 21 de junio del 2000, empezó a darle forma a su plan maestro para la conquista de la primera Libertadores del ciclo.
“El día del partido, en el almuerzo, yo estaba con el otro utilero, Olmi, y Bianchi me dijo: ‘Roberto, tengo algo para ustedes y no tiene que verlo nadie’. Me acuerdo patente. ‘Se los voy a entregar para que lo peguen en el vestuario para que lo vean los jugadores cuando lleguen, nos dijo”, recordó el utilero Roberto Prado, quien estuvo al frente de la utilería en las cuatro Libertadores ganadas entre el 2000 y 2007.
El plan no falló. La historia de “los papelitos” que recordó ahora Arruabarrena fue, en definitiva, el “Ya nos sentimos campeones” del reconocido Felipao, que luego caería rendido ante su propia arrogancia. Lo demás es historia conocida: el Boca de Córdoba, Bermúdez, Serna, Riquelme, Guillermo, Palermo y también del Vasco, claro, empató 0 a 0 en los 90′ y luego ganó la serie 4 a 2 por penales. Así, ganó la tercera Libertadores para el club en el mismísimo Morumbí. El estadio que cambió muchísimo, pero que no olvida…

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