Guillermo a River: la trama detrás de la bomba de mercado que no fue

¿Un jugador confesando dentro de la cancha y ante la tevé que quiere pasar al equipo al que está por enfrentar? ¿Un técnico histórico reclamándole a los dirigentes duplicar los valores de mercado de sus figuras para que no se las lleven? ¿ Ramón Díaz bajándole el pulgar a José Luis Chilavert para priorizar tener a un par de hermanos con proyección a ídolo? Entre restaurantes de la Costanera y las oficinas del Monumental, hace tres décadas pudo cerrarse una de las transferencias que -a plata de hoy, y también de 1996- hubiera significado un desembolso descomunal para el fútbol argentino. Que, si le hubieran hecho caso a don Carlos Timoteo Griguol, le hubiese peleado la pole position al pase de Thiago Almada.

Cuando el domingo la voz del estadio anuncie a Guillermo Barros Schelotto, el Monumental posiblemente silbe -por mera y folclórica portación de pasado- al entrenador de Vélez. Pocos sabrán que, en su etapa como jugador, el dúo de GBS -Guille y su hermano Gustavo, su colaborador- no sólo pudo reforzar a River: en el fragor de una serie de negociaciones infructuosas, los entonces Mellizos maravilla de Gimnasia estuvieron cotizados en un valor equivalente a los u$s 23 millones que costó el pase más caro de la historia. Una serie de tratativas que no sólo trascendieron, sino que hasta el propio delantero se refirió a ellas augurando un final con traspaso.

El video testimonial es parte de la colección eterna de YouTube. “Por ahora soy jugador de Gimnasia. Voy a tratar de ganar y a la noche, cuando se junten los dirigentes, ellos lo van a resolver. ¿Si valgo cinco millones? No lo sé: cada uno paga lo que cree que un jugador vale. Ojalá que River piense así”. El que habla es Guillermo a los 23 años. Lleva varias semanas de su vida en el escaparate del mercado argentino y ahora está parado en el medio del Monumental.

El #7 está por jugar contra el equipo de Ramón Díaz que dos meses antes había ganado la Libertadores. Luce camiseta alternativa azul oscuro con cuello estilo chomba y un corte de pelo con mechas cubanas e incipiente jopo. Aníbal Hay está preparado para darle inicio a lo que será un triunfo local, un 3-0 con goles de Ariel Ortega, Juampi Sorín y Julio Cruz. Y ahí mismo, sobre el campo, un joven Diego Fucks le saca a la figura del Lobo la confesión de la tarde: que GBS quiere ponerse la camiseta de su inminente rival.

Impensado por estos modernos días de 2026. Que un cronista entreviste a una figura del fútbol local a segundos del inicio de un encuentro y sobre un pase que está latente. Que esa misma estrella confiese su deseo. Y, sobre todo, que ese Guillermo que luego haría historia con la camiseta de Boca -y que este domingo estará en el banco de enfrente, aunque con el CAVS- estuvo a punto de llegar a River. Un club que estaba francamente dispuesto a pagar u$s 5 millones por los dos talentos platenses. Una cifra equivalente a 10,6 millones de dólares actuales por los Mellizos.

Guillermo y Gustavo, en GELP.

El 22 de agosto de 1996, después de que Gimnasia cayera 0-1 ante Racing por el desempate clasificatorio a la CL, en un restaurante de la Costanera se produjo un primer encuentro. Ya sin la zanahoria de disputar el torneo más importante de la Conmebol, en La Plata se mostraban más abiertos a negociar. Por eso, Alfredo Davicce aceleró: después de que Ramón Díaz tachara horas antes a Chilavert como refuerzo y reclamara en una reunión con el presidente que el objetivo era potenciar el ataque, entonces el máximo directivo activó charlas formales por Guillermo y Gustavo. Dos objetivos de mercado para otros grandes, como el caso de Independiente.

En ese contexto fue que Davicce invitó a Héctor Delmar, su par de Gimnasia, a almorzar en un coqueto restó. Primer acercamiento. Ahí se barajaron las primeras cifras: u$s 1,5 millones por Gustavo y otros u$s 3,5M por Guillermo. En paralelo, Timoteo, entrenador pero a la vez referencia histórica para la consulta, había dado su impresión: ese número no le gustaba nada. Para negociar a las dos estrellas GELP debía pedir, por lo menos, u$s 10 millones. Unos 21,4 palos de ahora. Casi un Thiago, nada menos.

“Sé que se reunieron pero no participé. No sé si el pase se hará, pero lo que dicen los Mellizos es que cumplieron una etapa en Gimnasia”, decía Francisco Arducci, entonces agente de los futbolistas, en declaraciones reproducidas en aquel tiempo por Olé. Todo parecía encaminado a una venta después de una serie de encuentros que, incluso, llegaron a durar hasta largas horas de la madrugada. Pero el último de ellos no prosperó.

El último gol de Guillermo en Gimnasia fue contra Boca.El último gol de Guillermo en Gimnasia fue contra Boca.

“Les dimos a los dirigentes la libertad de acción en el tema para no entorpecer cualquier otra gestión que sea interesante para ellos. No quise que se quedaran esperando ofertas de River. Advertimos que las cifras no coincidían con las posibilidades de mi club”, cerró las puertas Davicce a cualquier acuerdo. El motivo: Delmar -según trascendió después, y le valió la crítica de algunos directivos de su espacio- en el último cara a cara subió los montos de negociación hasta u$s 7,5 millones por los dos futbolistas.

Para la Tesorería de Núñez, que de por sí los montos le significaban un desembolso alto, tal cambio fue suficiente como para dar por terminado el diálogo. En otras palabras: Guillermo y su hermano Gustavo se quedaron en Gimnasia.

Una temporada más tarde, los dos jugadores saldrían de Estancia Chica, pero para mudarse a Boca: paradójicamente 365 días después de que se cayera la venta a River, en las oficinas de Brandsen 805 hubo apretón de manos entre Mauricio Macri y Delmar en un meeting del que participaron al menos nueve dirigentes, más los abogados de ambas partes. Allí se le dio forma al acuerdo para comprar al volante y al extremo en u$s 1,8 millones, más el pase definitivo de Facundo Sava a GELP. Dando inicio al ciclo de un símbolo de una era en el CABJ.

Guillermo Barros Schelotto se quedó en GELP y luego cruzó de vereda: está muy identificado con Boca.Guillermo Barros Schelotto se quedó en GELP y luego cruzó de vereda: está muy identificado con Boca.

El destino suele ser bastante complicado en sus decisiones, amigas siempre del contrafáctico interrogante de “¿qué hubiera pasado sí…?”. Con Guillermo y Gustavo, por lo pronto, no hizo excepciones. El segundo disputó 65 encuentros y ganó cinco títulos antes de mudarse al Villarreal (con un préstamo intermedio en Unión por sus diferencias con Héctor Veira). En cambio, Guille se transformó en ídolo: jugó 300 partidos entre 1997 y 2007.

Una década en la que el delantero metió 86 goles y ganó 16 títulos, además de haber formado una dupla histórica con Martín Palermo. Integró el plantel de cuatro Libertadores alzadas, ganó dos Intercontinentales y de otro par de Sudamericanas. Fue capitán y emblema. Ídolo que, además, como rasgo paradójico terminó convirtiéndose en una pesadilla en los superclásicos en su etapa como jugador. Le marcó cinco goles en 18 cruces, forzó una recordada expulsión en la CL 2004… Fue némesis. Una que carga, para la chanza riverplatense, con la derrota en la final de Madrid: el técnico de Boca en aquella final era precisamente Guillermo, que había logrado dos títulos de Liga, pero que dejó el club a fines de 2018: renunció, pagando el precio de caer el 9 de diciembre en el Bernabéu.

Un motivo de cargadas de parte de los hinchas de un River que estuvo cerca, demasiado, de haberlo tenido como su astro.

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