Sobre aquel partido se tejió una historia entre épica y polémica, con el ida y vuelta de la barra brava de Boca desde y hacia México, para poder estar presente en un partido clave del equipo y en su recorrido con la Selección de Diego Maradona en su camino a la gloria eterna. Es que el calendario no dio chance, y el Xeneize jugó algo muy parecido a una final en medio del Mundial ’86.
Algo similar a lo que este 2026 depara el destino, que es el choque ante Sarmiento en el mismo estadio donde aquella vez jugó un partido muy especial y ahora jugará por los 16avos de final un día después de las semifinales de la Copa del Mundo.
Casualmente -o no- asomaba Inglaterra en el horizonte, aunque al día siguiente del partido entre Newell’s y Boca, el equipo de Carlos Salvador Bilardo tenía que enfrentar a Uruguay por los octavos de final de la Copa del Mundo. Eran tiempos de sequía para el Xeneize, con las clausuras de estadio todavía frescas y sin nombres rutilantes.
Una final con todos los condimentos
Para peor de males, en la ida de la final de la Liguilla PreLibertadores los rosarinos se habían impuesto por 2-0 en la Bombonera. El mini torneo, complementario de la temporada 1985/86 que había ganado River, clasificaba a la Copa que se jugaría post Copa del Mundo. Entonces llegó el histórico partido, que Boca afrontó con lo que pudo y lleno de frustración, pero con la esperanza viva.
El resultado final sorprendió a todos, incluso a los presentes aquella tarde en el Parque Independencia. Newell’s había arrancado 1-0 arriba aunque Boca lo empató rápido con un penal de Alfredo Graciani. Y a falta de 20′, empezó la lluvia de tarjetas rojas con la expulsión de Quique Hrabina.
La épica
Un rato después, el propio Murciélago puso el 2-1 con un gol de tiro libre. Y con solamente 16 jugadores, ocho por lado, surgió Gustavo “Tuta” Torres (delantero surgido de las inferiores) para marcar dos goles agónicos y sellar la clasificación del equipo que dirigía Mario Nicasio Zanabria.
Quedó en el recuerdo por la hazaña de Boca, por la frustración de Newell’s (que años después hasta consideró una venganza el título ganado en la Bombonera bajo la conducción de Marcelo Bielsa) y por detalles como el de Claudio Scalise festejando el triunfo exhibiendo debajo de la azul y oro una camiseta de Rosario Central. Un hito de época que se festejó en Rosario, en la Boca y en el Mundial.

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