Boca encontró el equilibrio. Después de varias semanas de pruebas, cambios obligados y lesiones, Rodolfo Arruabarrena parece haber dado con una estructura que se adapta a las características de su plantel y, sobre todo, que le permite potenciar sus virtudes sin resignar agresividad. La goleada global 7-1 ante Recoleta, por los octavos de final de la Copa Sudamericana, terminó de confirmar una tendencia que ya se venía insinuando: el Vasco encontró el esquema y, a partir de ahí, también empieza a encontrar a sus intérpretes.
El Boca de Arruabarrena se acomodó sumando un volante y resignando un extremo, después de probar durante los primeros partidos del ciclo con dos por afuera bien marcados y cambiar desde la victoria sobre Estudiantes. Y equilibrio no significa especulación: sigue siendo un equipo ofensivo, de los que más oportunidades de gol genera por partido, incluso superando los 30 remates y metiendo siete en la serie con Recoleta.
Los que por ahora vienen pagando la decisión son los extremos. Sebastián Villa quedó como suplente hasta que en los últimos dos partidos Leonel Flores tuvo que parar por el trajín. Así, últimamente viene siendo uno u otro y parece raro que vuelvan a estar juntos salvo partidos o momentos muy puntuales.
A partir de ahí, Tomás Aranda se tuvo que recostar sobre la otra banda para ir de afuera hacia adentro, para encarar, gambetear y conducir. La idea, incluso, remite a su anterior ciclo en Boca. En 2015 utilizó a Nicolás Lodeiro muchas veces por la izquierda, como una especie de enganche recostado sobre la banda, pero con obligaciones de retroceso. En la versión actualizada, ese sería Aranda.
Claro, un extremo salió para sumar un mediocampista. En un primer momento, con Leandro Paredes y Milton Delgado como intocables, el que se metió fue Santiago Ascacibar y no lo pudieron sacar más. Porque sumó presencia en el área rival y gol a un equipo al que en ese momento le faltaba: lleva cinco en los últimos seis partidos. “Haaland”, le dicen sus compañeros en Boca Predio.
En definitiva, el Vasco priorizó a los que mejor estaban, relegó a Villa que no venía bien y con el Ruso encontró el equipo. A la vez que encontró el esquema. Y a partir de ahí, ni las lesiones cambiaron la estructura. Se lesionó Paredes y no ingresó un extremo, sino que para visitar a Recoleta en Paraguay el elegido fue Toto Belmonte.
Y el concepto no cambiaría por más que la coyuntura lo lleve a tener que cambiar ocasionalmente este domingo ante Racing, obligado por el desgaste físico y la necesidad de parar algunos futbolistas para que descansen. La idea base está clara.
En defensa y en ataque
Nada más lejano a la afirmación reciente de Claudio Ubeda. “Es prácticamente similar los que siguen jugando. Cambió el arquero, el lateral derecho y Flores. Me reconforta ver la misma estructura”, dijo el ex DT de Boca sobre el nuevo ciclo con Arruabarrena.
En defensa, Boca se ordenó en Paraguay con un 4-1-4-1. Delgado como volante tapón, por delante de los centrales, y delante suyo se Aranda, Belmonte, Ascacíbar y Villa. Más adelante, Miguel Merentiel como referencia ofensiva.
Pero cuando Boca recupera la pelota, la estructura se transforma y el equipo ataca con todo. Los laterales Lozano/Gorosito y Blanco se sueltan. Delgado y Belmonte pasan a formar el doble pivote, Ascacibar se libera por el centro, Aranda se mueve de la banda hacia el centro, Villa o Flores ocupan la otra punta, y Merentiel va entendiendo su rol dentro del área.
Dentro de este funcionamiento, parece sentirse mucho más cómodo presionando arriba cuando pierde la pelota que replegándose en su propio campo. La primera reacción ante la pérdida es intentar recuperarla inmediatamente: asfixiar al rival, cerrar líneas de pase, rodear al poseedor y volver a atacar. Boca intenta defender atacando. Porque cuando no la recupera enseguida, le cuesta más.
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Las piezas clave
Hay integrantes que son clave para que esto funcione en las dos áreas. Delgado, el “motorcito” de Arruabarrena, funciona como el tapón que protege a los centrales, tiene un despliegue enorme y cubre todos los huecos. Quedó dicho lo de Ascacibar por su dinámica y peso en el área rival.
Mientras que Aranda y el extremo de turno (Villa o Flores) saben que deben sacrificarse en el retroceso y luego estar para desequilibrar cerca del arco rival.
También los laterales son importantes para la idea del Vasco. “Si tienen buen uno contra uno, me puedo animar a jugar con dos volantes, un 4-2-3-1. Si veo que son permeables, pierden más de lo que ganan, a los centrales con las coberturas les cuesta, y me lo permite el plantel, pongo tres volantes así las ayudas son rápidas”, dijo tiempo atrás, poco antes de asumir en Boca. Lozano y Blanco son fija como titulares, con Gorosito como alternativa en el lateral derecho.
Diez partidos y lo que viene…
Los primeros diez partidos dejaron más certezas que dudas, pero el pizarrón del Vasco todavía tiene espacios por completar. Boca encontró una estructura, un funcionamiento y hasta una columna vertebral que parece inamovible. También halló respuestas en futbolistas que crecieron dentro del sistema. Pero la prueba definitiva recién empieza y deberá consolidarlo a lo largo del semestre.
Video: ESPN

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