“Es un proceso lento. No soy un genio…”. Sin comunicación no hubiera existido evolución. Lo teorizan los antropólogos. Lo sabe Eduardo Coudet. Aunque el speech de sábado por la noche del deté podría leerse linealmente como un desahogo, la estrategia fue un tanto más específica en su objetivo: absorber la presión y, a la vez, resetear cabezas en pos de evitar que la retroalimentación negativa se tragara a este River, que ahora es suyo, con la fuerza de un agujero negro.
El propio Coudet atestiguó cómo era la atmósfera al llegar al Camp en aquel 4 de marzo. La percibió. Si puertas adentro de River admitieron que el shock que generó Chacho con su estilo descontracturado aunque profesional e intenso fue positivo es porque hasta el adiós de Marcelo Gallardo el clima era abúlico. Y hasta negativo. Con una sensación de que el año quedaría lejos por la prolongación inesperada de aquel fatídico 2025.
Eso mismo quiso (y quiere) evitar el entrenador. Y para eso eligió comunicar un mensaje. Contundente aun con 26 minutos y 54 segundos de ponencia. Con analogías elocuentes: el “esto era Vietnam” describió con exactitud el contexto en el que asumió luego de la salida de Gallardo, por quien no escatimó elogios para evitar que se malinterpretara su libreto. “Se tuvo que ir: quién lo iba a discutir como entrenador, es el más ganador. Las dinámicas a veces son positivas o negativas…”. Precisamente de eso quiere sacar a su equipo: de la espiralización del bajón.
Por eso buscó “resaltar el mensaje positivo” insistiendo en que “se nos presentaron dificultades y respondimos”. Como le ocurrió ante Huracán y Aldosivi (pudieron salir adelante luego de sendos empates parciales). Y como lo consiguió post Súper. “Vamos revirtiendo situaciones, es un proceso. Me encantaría en 15 días decirte que somos un dream team. Pero ustedes vieron lo que era esto y lo que es hoy. Sé a dónde vamos y sé de dónde venimos. Esto era Vietnam”.
Un discurso ramonista
Coudet asomó como discípulo de Ramón Díaz: con ingenio discursivo se paró delante del grupo para que la presión no le impactara de lleno. Lo hizo al bancarlo al resaltar que “quieren convencer a la gente que no jugamos bien” al enojarse por un graph de la tevé, o al remarcar que “desde que me tocó llegar era bastante jodido y hoy estamos con un panorama bastante distinto”. Incluso al decir que “para decir que River juega bien, hay que llenar muchísimos casilleros”. Entendiendo que el proceso se encuentra en una etapa intermedia.
En esa línea, por primera vez, al menos con este énfasis, Chacho tomó la estadística para validar su discurso. Y para hablarle también al grupo en pos de que no se derrumbe, que mantenga en alto la vara de la moral. Con el “hemos ganado muchísimo” se aferró a los seis triunfos en ocho partidos que ha cosechado -con una derrota en el Súper que hizo mella pero que Coudet pretende no desestabilice sino que asome como un lunar incómodo. Aunque también resaltó que la escasez de variantes se nota. Que cuando fue baja Fausto Vera por lesión tuvo que recurrir a Juan Cruz Meza. Que ante la salida de Sebastián Driussi sólo tenía como opción A a un Maxi Salas que no siente la posición y que sigue bajo. Y aun así, hubo respuestas.
No es casual, por caso, que justo después de que Coudet desnudara una falencia en el armado (problema de arrastre de la era del Muñeco) hayan trascendido los primeros apellidos que River buscará en mercado. Que coinciden con los puntos más bajos y en los que hacen falta más variantes: un 9 (Giovanni Simeone), un revulsivo (Ángel Correa), un 5 (Mauro Arambarri) y un zaguero -y líder- (Nicolás Otamendi). Hasta dónde podrán avanzar desde Núñez se verá en el fragor del período de transferencias. Aunque con cautela, Chacho advirtió que “estamos lejísimos” de esa etapa y que el momento obliga a competir con la base heredada.
Es decir, con “los mismos jugadores” que había en el ciclo Gallardo y que ahora están consiguiendo levantar paulatinamente. Ocurrió con Facundo Colidio (tres goles en seis partidos). También con Giuliano Galoppo (primera titularidad, primer gol). Futbolistas a los que se acoplaron “jugadores jóvenes” (declaración melliza a la que hizo post Súper). Y porque incluso así “el grupo va a seguir creciendo y mejorando”. Por eso, a su modo, reclamó paciencia abriendo el manual riverplatense al reconocer dónde está la vara de exigencia.
“Hay que conocer River. Para conocer el club, te tiene que haber aplaudido la San Martín y puteado la San Martín. Vamos a estar bien cuando el Monumental aplauda cuando estemos jugando y vamos a estar re bien cuando se ponga de pie toda la platea: es el objetivo”.
Mientras tanto, esbozó un mensaje. Un “disfruten de ganar” que intentó instalar por encima de los modos. Comprendiendo que el funcionamiento tardará en aparecer.



