Las estadísticas no son puros números: son una ciencia que transforma datos en historias con contexto y significado. Y también en puñales. A Coudet le revolean por la cabeza rachas negativas de un River de 1906, cuando todavía jugaba en la Dársena Sur lado Este, más cerca de La Boca que de Núñez, en Segunda División, y con un presidente como Leopoldo Bard que le dedicaba más horas a la medicina y al radicalismo que a la pelotita. Era un fútbol todavía de anglicismos, cuando a lo sumo, ante las derrotas en fila, se preguntaba ‘What’s up?’ más que interrogarse por un estado de Whatsapp.
En tiempos de lunfardo, la aparición del Profesionalismo le puso presión al asunto. Dinero, plata, money, vento, guita, mango, mosca, biyuya, tarasca… No por nada River se ganó un apodo que no apela a un color, a un origen geográfico, a una práctica, a una razón de ser. Cuando le pusieron 10.000 pesos a Carlos Peucelle en 1931 para sacarlo ‘libre’ del ya desaparecido Sportivo Buenos Aires, la prensa comenzó a tildarlos de millonarios, con minúscula. Barullo, delantero polirrubro, un joven universitario con pasado por la Cuarta de Boca, se quedó con 7000, se compró un auto, una casita en Adrogué, y le donó los 3000 restantes a su viejo club como guiño.
El entrenador de River tras perder 1-0 ante Tigre, en la quinta derrota consecutiva del Millonario. Video: @lucasbenda – @hector89lfc
La inversión no alcanzó. Ese River de Peucelle quedó cuarto detrás de Boca, San Lorenzo y Estudiantes. Así, en 1932, un tal Antonio Vespucio Liberti (¿te suena?), encargado del fútbol, rompió el chancho y se gastó más de 100.000 pesos de la época para traer a Bernabé Ferreyra y varios refuerzos XXL. Barullo debutó un 28 de junio de 1931 pero fue campeón por primera vez recién un año, cuatro meses y 21 días más tarde. Después sumaría nueve estrellas más con -ahora sí- los Millonarios.
Eduardo Coudet habló en conferencia sobre el presente de su equipo y aclaró que de no poder dar vuelta la situación es el primero que sabe lo que tiene que hacer. Video: @lucasbenda – @hector89lfc
Paciencia entonces con Thiago Almada y con los 67.250.000 dólares del mercado de pases de un River que deberá aprender que los otros 29 clubes también juegan. Acá nadie gana con la billetera. Paciencia. Para Coudet, Pero también para Arruabarrena, Vojvoda, Gorosito, Quinteros, y para todos los entrenadores del mundo que quieran habitar el fútbol argentino. Porque así como los cagones no hacen historia, que las estadísticas no sean una ciencia que transforme datos en histerias.
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