Un hijo pródigo de la casa. Un pibe de las inferiores que, no solamente jugó más de 150 partidos en la institución, sino que como técnico se hizo cargo del equipo en un momento complicado. El entrenador interino que rompió todas las expectativas: Ariel Pereyra. El DT de Gimnasia recibió a Olé en el predio del Lobo, Estancia Chica, y habló de todo. Su pasado como futbolista, su relación con los Mellizos Barros Schelotto, la influencia que tuvo Timoteo Griguol en su carrera, su sueño en el Lobo y mucho más.
Ariel Pereyra con Olé
-Pasó un poco más de un mes, entre que te nombraron técnico interino y te oficializaron, en el medio ganaste siete de ocho partidos, ¿Cómo fue para vos este mes tan movido?
Sí, como decís, movido, bastante movido. La verdad que fue el día a día, partido a partido, fueron partidos muy seguidos y distintos rivales. Fue agitado obviamente, porque estabas con la cabeza completa tratando de ver cómo diagramas el partido, cómo lo llevas a cabo. Entonces fue exigente desde esa parte, pero bueno, es para lo que nosotros también estamos preparados. Así que fuimos partido a partido, que es lo mejor que pudimos hacer, y después el resultado final fue una consecuencia por ahí de todo eso.
-Agarraste en un momento que el club venía de 3 derrotas seguidas, empezaron a ganar y el interinato fue estirándose hasta llegar a la eliminación con River. Siete victorias seguidas tuvieron, fue un récord histórico en el club.
Sí, fue bueno, pero más que nada eso de ir partido a partido hace que se te vaya haciendo un poco más llevadero todo. Entonces no pensábamos en lo que podía venir, solamente en planificar y ejecutar el partido como lo teníamos pensado en la previa. Después hubieron partidos en que lo pudimos hacer y en algunos otros no, pero el resultado nos fue a favor.
-¿Pensaban en la contratación, en quedar como fijos?
No, porque sabíamos que Gimnasia necesitaba gente para trabajar, así que no lo pensamos. Era primero por dos partidos, y después el presidente me dijo: “Vos trabaja tranquilo, llega hace tu trabajo y después, cuando termine todo esto, vemos”. Así que más allá de todas las especulaciones que había, que venía uno u otro, yo tenía esa palabra del presidente, y así fue. Cuando terminó, nosotros quedamos a disposición de lo que el club decidiera en ese momento.
-¿Y ustedes imaginaban todo lo que pasó después?
No, lo que nosotros queríamos era que el equipo volviera a competir, o sea, que fuera un equipo competitivo, un equipo duro. Nos costó un poco más de la cuenta, pero la predisposición del jugador en ese momento fue excelente, entonces se hizo todo más fácil. Nosotros simplemente tratamos de inculcarles algunos conceptos básicos para nosotros del juego, del posicionamiento, de lo que queríamos, después el desarrollo de los jugadores hizo el resto.
-Una parte vital en tu proceso fue la banca del plantel.
Sí, no hicimos nada raro. Simplemente sabemos que entrenamos jugadores de fútbol y trabajamos para eso. Hicimos lo básico que se puede hacer en un equipo. Cualquiera que hubiese agarrado un equipo en esas circunstancias habría hecho lo mismo. Yo creo mucho en el grupo, creo mucho en que si uno le da las herramientas necesarias al jugador y le exige todo lo que le tiene que exigir, el jugador responde porque está para eso. Cuanta más exigencia hay, más le gusta al jugador o más comprometido se siente. Eso fue lo que hicimos. Dentro de las posibilidades que teníamos nosotros, le dimos todo y el jugador se sintió satisfecho de esa manera.
-Nacho Fernández, en varios momentos, contó su buena relación con vos ¿Te sentiste cómodo teniéndolo a él como capitán y referente del grupo?
Sí, obviamente, mas de un jugador con la trayectoria que ha tenido Nacho Fernández. Yo lo conozco desde que lo tuve en Cuarta División. Lo conocí antes también, cuando estaba en Quinta, aunque yo no lo dirigía ahí; sí lo hice después en Cuarta, en Gimnasia, y también en Reserva. Así que compartimos mucho tiempo juntos en esa etapa. Obviamente que hoy él es el líder de este equipo, que el elogio venga de parte de él es bueno para nosotros.
-De cara a la temporada que viene, con un mercado de pases en el medio, ¿Cómo planifican lo que viene? ¿Se ven peleando por puestos de Copa Sudamericana?
Sí, ahora ya no soy más interino, ahora sí que tengo un poco más de responsabilidad. Pero de la misma manera: ir partido a partido, hacer un equipo duro en todo sentido, tanto en el juego como en lo que podemos arriesgar y en lo que nos podemos defender, pero ser un equipo que realmente vaya a cualquier cancha a competir. Eso lo tenemos como premisa.
-¿Sentiste ese peso de decir, bueno, ya no soy interino?
No, no, porque ya llevamos muchos años en esto y la experiencia te va preparando. Yo creo que estoy preparado para esto. Uno cuando es chico sueña con jugar al fútbol; después, cuando deja de jugar, sueña con ser técnico. Así que estoy en lo que soñé y no tengo tanto esa presión. Lo que sí responsabilidad, tengo una responsabilidad mayor, obviamente. Hoy todo pesa más, a veces casi ni dormís.
-¿Sentís que algo de lo que era el Pata Pereyra como jugador está hoy reflejado en el entrenador?
No, no sé. Sí creo que me quedó todo el conocimiento que adquirí en esa época, porque tuve muy buenos técnicos. Acá, por ejemplo, tuve al viejo Griguol. Todos los que salimos siendo jugadores de él, tenemos muchos conceptos del juego que todavía hoy, más allá de los años, se siguen implementando. Quizás con un poco más de modernidad, pero es prácticamente lo mismo que en esa época. El viejo era bastante incisivo en lo individual y en lo analítico, así que nosotros, de vez en cuando, también llevamos eso a cabo para buscar la mejora del jugador.
-¿Dejó una escuela?
Sí, en mí sí, por lo menos es lo que pienso yo. No sé mis compañeros, pero por lo que hablamos, siempre nos acordamos de todas esas enseñanzas que te daba el viejo.
-¿Cómo fueron tus inicios como entrenador?
Yo dirigí la reserva de Gimnasia, cuando los coordinadores eran Morán y Ortiz. Dirigí la cuarta división y, después, en un momento me dieron la posibilidad de hacerme cargo de la reserva. Después me fui yo de Gimnasia porque me llamó Guillermo para trabajar con él.
-¿Y con Guillermo cuando arrancaste qué te explicó? ¿En qué momento?
Nada, quería que lo acompañara. Gustavo y yo íbamos a ser sus ayudantes en Lanús, que también era su primera experiencia. Así que, más o menos entre todos, arrancamos prácticamente de cero en primera división.
-Y se te dio en Lanús ganar la Sudamericana y estar en uno de los equipos del momento.
Sí, y lo que pasa es que teníamos un buen equipo. Lanús, en ese momento, había armado un buen plantel. Nosotros, como cuerpo técnico, si bien éramos jóvenes trabajando, lo llevamos a cabo de una manera muy buena. Lo teníamos al profe Valdecantos, que ya tenía mucha experiencia. Y después, todo lo que es Guillermo como conductor.
-Después te toco estar en el mundo Boca ¿Cuándo dirigiste contra River, sentías que era un partido especial para vos?
No, no, no. Para mí lo especial fue dirigir a Gimnasia, entonces pensaba en eso. Lo otro está descartado, yo no tengo nada que ver ahí. Tengo mi carrera por otro lado, así que no, nada que ver con eso.
-Y con respecto al hijo de Guillermo, ¿Cómo es tu relación? ¿Están en contacto ahora?
Y bueno, a Nico lo conozco desde chico. Pero hoy él es jugador, tiene sus condiciones y yo soy el técnico, así que decido y lo tengo que entrenar. No he hablado de eso con Guillermo; él es muy reservado y nunca me va a hablar de ese tema. Lo que sí sé es lo que Nico puede dar y lo que demostró ahora como jugador. Esperamos que el lo desarrolle mucho más de lo que dio hasta ahora.
-¿Cómo fue tu separación de los Mellizos?
De la mejor manera. Yo quería dirigir y, aproximadamente un año antes de agarrar Colón, ya había hablado con ellos y les dije que no iba a continuar, que quería dirigir. Si no lo hacía entonces, quizá después se me iba a pasar el tiempo. Creo que fue una buena decisión para mí, aunque en ese momento no fue dura, porque formaba parte de un cuerpo técnico muy reconocido y con mucho trabajo por delante. Decidí irme en un momento bueno, que teníamos muy buenos equipos. Pero también sentía que necesitaba nuevos desafíos, así que opte por desafíos, por reinventarme y ver si realmente tenía la capacidad para dirigir. Esa fue mi apuesta.
-¿Con el diario del lunes, estás contento con la decisión tomada?
Sí, bueno, hace dos meses. Porque en Colón no nos había ido del todo bien en cuanto a resultados. Pero sabemos cómo es el fútbol argentino, es así. No hay muchos proyectos que duren y es difícil. Pero bueno, la convicción siempre es la misma: trabajar y darles buenas herramientas a los jugadores. En el fútbol argentino dependes de que el resultado sea a favor.
-¿Un sueño en Gimnasia?
Un sueño a corto plazo es hacer un equipo duro, un equipo que compita en todas las canchas. Como en la época en la que yo era jugador acá: teníamos un equipo que iba a cualquier cancha y jugaba de igual a igual. Después, el resultado era una consecuencia de eso. Si tenías un buen partido, el resultado podía estar a favor; si tenías una mala tarde, podía estar en contra. Pero lo que necesito, lo más rápido posible, es construir un equipo duro, competitivo, que pueda jugar de igual a igual con cualquiera y en cualquier cancha. Después, las circunstancias de cada partido harán que tengas que meterte atrás más o atacar más de lo común.
Ariel Pereyra fue un gran cabeceador
-¿Te animas a que haga una lista y hablas cuando escuches a un cabeceador mejor que vos?
-Lautaro Di Lollo
…
-Pezzella
…
-Rojo
Sí.
-Otamendi
Y sí.
-Ávalos
Lo tuve, cabecea bien.
-Maravilla Martínez
….
-Passarella
Sí, obvio.
-Crespo:
Sí.
-Batistuta
Y, sí.
-Palermo
Imposible.
El técnico de Gimnasia recordó su etapa como jugador y una de sus grandes virtudes.
-También tenías la gran virtud de patear los penales.
Surgió porque al viejo (Griguol) le gustaba que los penales se patearan fuerte. Como yo le pegaba fuerte, empecé a hacerme cargo. No sé por qué el Coco San Esteban no pateó más, porque en realidad le pegaba mejor que yo. Pero bueno, empecé a patear, a patear y a patear, y desde ahí seguí haciéndolo siempre. Hasta que erré uno por querer colocarla y ahí nos cambió de nuevo. Después, en el partido siguiente, el Coco erró uno y volví a patearlos yo. Creo que solamente uno en Lanús lo patee buscando colocarla. Después pateaba fuerte. Yo creo que un penal, más los que tenemos pocas condiciones, hay que acertarle al arco, porque es difícil que un arquero te ataje un penal fuerte. Hay jugadores que tienen otras virtudes, pero ese no era mi caso.
-¿Tenías esa virtud de no ponerte nervioso antes de patear un penal?
No, no me ponía nervioso. Sabía que iba a patear fuerte y, con eso tenía el 70% del penal adentro. La decisión la tenía tomada de antemano siempre. Salvo que cambiara, como te digo, alguna vez intenté colocarla: una me la atajaron y el otro lo hice.
-¿Y el contexto tampoco te pesaba?
No, no. Eh pateado en un clásico y no pasa nada. Lo que sentís es responsabilidad, no nervios. Ya cuando tenés una cierta cantidad de partidos en primera, eso no corre.
-¿Te animas a hacer un quién es más entre Gustavo y Guillermo, vos que compartiste tanto en la cancha como en el día a día del cuerpo técnico?
-¿Quién es más calentón?
Gustavo.
-¿Quién protesta más a los árbitros?
Guillermo.
-¿Quién es más competitivo?
Parejos.
-¿Y con los detalles, quién es más obsesivo a la hora de armar un partido?
Gustavo.
-¿Quién llega primero al entrenamiento?
Llegan juntos.
-¿Quién es más exigente con los jugadores?
Gustavo.
-¿Quién tiene más carácter dentro del vestuario?
Más demostrativo, Gustavo.
-¿Quién se enoja más cuando pierde?
Guillermo.
-¿Más cabulero?
Ninguno.
-¿Más bromista?
Gustavo.
-¿Quién habla más en las charlas técnicas?
Gustavo.
-¿Quién escucha más opiniones ajenas a vos que te tocó ser parte?
Guillermo.
-¿Quién ve más fútbol?
Guillermo.
-¿Quién era más líder dentro de la cancha?
Guillermo.
-¿Quién era más vivo para sacar ventaja?
Parejo. Eran los dos parejos.
-¿Quién era más difícil de convencer en una idea?
Gustavo.
-¿Quién es más parecido hoy como técnico al que era en su momento en la cancha?
Guillermo.
-¿En algún momento te gustaría volver a trabajar con ellos?
Sí, seguramente sí, porque fueron muchos años y yo no tengo bien la cuenta porque soy poco estadístico, pero más de 10 años. 14 años. 14 años muy buenos para mí, así que no tendría problema en volver a trabajar con ellos.
Ariel Pereyra se animó a resolvernos algunas dudas sobre los mellizos Barros Schelotto.
El entrenador del Lobo le abrió las puertas de Estancia Chica a Olé para una entrevista que tuvo de todo.

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