No es la primera vez que Juan Román Riquelme se mete en el vestuario, pero cada vez que sucede hay algo de extraordinario, y esta no fue la excepción. Es un lugar sagrado para los jugadores y muchas veces vetado para los dirigentes pero claro, se sabe que Román no es un presidente típico, que es un futbolista vitalicio y que de alguna manera nadie puede franquearle la puerta de entrada.
La voz de Riquelme acompañó, con cada palabra, el clima tenso que se vivió en esa reunión a puertas cerradas, luego de que el presidente, de manera unilateral y pasando por encima de Claudio Ubeda, decidiera que el plantel no tuviera libre este lunes y fuera al Boca Predio a entrenarse.
Esencialmente, el presidente les habló a los jugadores que tomaron parte de la derrota ante Vélez, en Liniers, pero fijó su mirada en los referentes: Leandro Paredes, Edinson Cavani, Miguel Merentiel y Ander Herrera. Primero fue un breve monólogo del presidente, que buscó más una explicación de la desconcertante derrota ante el equipo de Guillermo, que un mensaje duro para marcarles la cancha, una estrategia que el presidente utilizó en otras crisis similares.
“¿Qué está pasando?”, la pregunta de Román retumbó en los fondos del vestuario mudo. “Yo confío en el plantel, en ustedes, pero no puede pasar un partido como el de ayer (por el del domingo, ante Vélez)”, fueron las palabras de Riquelme, que quedó muy molesto por la actuación del equipo, que más allá del resultado estuvo lejos de competir ante un rival que lo superó en lo futbolístico y en la ambición de ganar.
El intercambio…
Recién ahí, hubo algún intercambio de opiniones de los futbolistas. Riquelme, además, les señaló el déficit del equipo saliendo fuera de la Bombonera, una diferencia de rendimiento que no es aceptable a los ojos del presidente. Su intervención marca su estado de preocupación, porque observa que el equipo no evoluciona de la manera que necesita de cara al objetivo pesado que se viene: la Libertadores. Y señala, inequívocamente, una situación de crisis.
Porque cada vez que Riquelme rompió el protocolo para forzar un encuentro con el plantel, casi siempre fue síntoma de una situación de quiebre. Pueden dar fe los entrenadores anteriores, como Diego Martínez tras una derrota con Platense en Vicente López; Sebastián Battaglia tras una dura caída de local contra Gimnasia en el 2021 (cuando Riquelme bajó a todos los jugadores del micro con el DT en la conferencia); Hugo Ibarra tras tres derrotas en cuatro partidos en el 2022; y Jorge Almirón, tras un 0-4 con Godoy Cruz en Mendoza, que dejó al Xeneize afuera de la lucha del torneo.
Por lo pronto, ahora Riquelme no espera otra cosa que una reacción importante de los futbolistas. El domingo en la Bombonera debe haber una mejora visible, que habrá que sostener en el tiempo. El asunto, claro, es que pasada la espuma del momento, los rendimientos tienden a volver a los niveles anteriores a la crisis…
Ubeda, contra las cuerdas
La derivación más importante de la charla no tiene tanto que ver con el rendimiento del equipo como con el futuro de Claudio Ubeda. El entrenador se corrió de la charla y su futuro mucho tendrá que ver con los próximos resultados y también con qué apoyo hubo para él en la charla con Riquelme en el reparto de responsabilidades sobre el flojo arranque de Boca en este 2026.
Los jugadores, por norma, no suelen inmolarse por los técnicos de turno, menos si éste tiene tanta debilidad de origen, sin pasado en la historia del club y que heredó el cargo tras el fallecimiento de Miguel Russo.
Entonces, es Ubeda el que se juega el pellejo este domingo en el Templo. Influirá, también, el clima hacia él y qué tanto respalden los futbolistas que, claro, también están en la primera línea de los cuestionamientos y deberán dar algo más, por propia supervivencia. En tal caso, la cuestión del entrenador caerá por su propio peso. Antes o después…




