Seis fechas más tarde, en el recuperado de la jornada 6 ante Lanús, Argentinos volvió a ratificar que, tras un inicio de año con vaivenes, está reencontrando el rumbo y dejando atrás la irregularidad que lo condicionó en el sprint inicial. Venía de imponerse en el clásico frente a Platense y ahora, con autoridad y merecimiento, se impuso por 2-0 ante un reciente campeón de la Sudamericana que, si bien no logró mostrar su mejor versión en La Paternal, tampoco se presentó como un simple partenaire del local.
El choque de ideologías compartidas hizo, en gran parte, que el partido resultara entretenido de principio a fin. Tanto la escuela de Diez como la de Pellegrino pregonan el buen trato del balón, la intención de tomar la iniciativa y el protagonismo del juego. El local, simplemente por serlo, fue quien primero se adueñó de la posesión, mientras que Lanús, en lugar de apostar exclusivamente por la velocidad en la contra, buscó también elaborar sus ataques, construyendo juego desde la tenencia. Sabiendo replegarse cuando era necesario, resistir los avances rivales y contraatacar con criterio y planificación, el equipo visitante intentó equilibrar un desarrollo que se presentó muy disputado.
En el segundo tiempo se jugó el partido que todos, absolutamente todos, esperaban de estos dos equipos. Argentinos se adueñó de la pelota, apoyándose en un futbolista que se convirtió en el eje del funcionamiento: Federico Fattori. Ubicado como base en la mitad de la cancha, hizo todo simple pero preciso.
Por insistencia, Argentinos terminó encontrando el gol: primero Hernán López Muñoz, aprovechando un rebote dentro del área, y luego Oroz, desde el punto penal. Si bien Lanús logró descontar posteriormente, más que producto de una reacción sostenida o de un dominio claro, fue una respuesta inmediata tras el impacto que generó el doblete del Bicho, sin que ello se tradujera en un verdadero cambio del desarrollo. Salió a reinvindicar lo hecho ante Platense y, contra Lanús, el Bicho lo logró.




