La tarde se le hizo cuesta arriba demasiado rápido a Matko. A los 30 minutos del primer tiempo, el jugador de Racing dejó a su equipo con uno menos tras ver la segunda amarilla por una infracción tan innecesaria como evitable. El destinatario de ambas faltas fue Matías Fernández, el talentoso diez de Independiente Rivadavia, que sufrió en carne propia la vehemencia del mediocampista.
La primera amonestación había llegado unos minutos antes, luego de un cruce fuerte sobre el enganche. Fernández quedó sentido y el árbitro Herrera no dudó en mostrarle la tarjeta. Desde ese momento, Miljevic quedó condicionado. Sin embargo, lejos de bajar la intensidad, volvió a ir con demasiada fuerza.
La segunda acción fue todavía más clara: un duro planchazo sobre el tobillo del diez mendocino que dejó sin margen al juez. Otra vez amarilla y, automáticamente, roja. No hubo protestas que cambiaran el destino. Matko entendió enseguida la magnitud del error.
La imagen fue elocuente. Mientras dejaba el campo de juego, el futbolista de Racing no pudo contener las lágrimas. Entre bronca e impotencia, se retiró cabizbajo, consciente de que había complicado a su equipo ni bien empezaba a ugarse el partido.


