“La exigencia acá es exactamente todos los días. Y todos los días tenemos que responder con acciones que demuestren que estamos mejor, y eso lo tenemos que solucionar”. De esa manera, Claudio Ubeda terminaba de elaborar una respuesta para la consulta de cuándo creía que Boca tenía previsto encontrar un equipo.
Enseguida, miró hacia adelante y agregó ante otra pregunta que “todavía no hemos llegado a la mitad del torneo. Nos quedan nueve fechas por delante, con la expectativa de que este sprint final de la segunda mitad sea mucho mejor”.
En ambas circunstancias, el DT xeneize mostró su renovada intención de mirar hacia adelante, sin pensar en que los resultados que no viene consiguiendo y los niveles individuales que no se consolidan le puedan minar ese futuro cercano.
Claudio Ubeda se refirió en conferencia de prensa por la reacción de los hinchas de Boca tras el empate ante Gimnasia de Mendoza. Video: @cami.corrales @gonzalosuli
Un futuro que cada vez parece más difuso en la consideración general (al menos entre los hinchas que reclaman otra figura para el puesto) y que -pese a tener una base clave en el apoyo dirigencial- no puede omitir que su próximo paso será un partido de alta dificultad, como el que le espera al equipo el miércoles en la cancha de Lanús.
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Otra final
Es que así como en los últimos tiempos cada partido importante de Boca era presentado como una final, otra vez la proximidad de un encuentro con vistas de decisivo se asoma con el compromiso ante el flamante campeón de la Recopa, que supondrá un escenario complejo por el rival pero más aún por la situación que podría derivar de un resultado adverso.
¿Eso quiere decir que si Boca no gana se terminará el ciclo de Ubeda? El mapa alrededor de esto tiene varias aristas. En primer lugar, lo concreto: el partido completará la mitad exacta de la fase regular del Apertura. Y, de no ganar, Boca consolidará su posición por fuera de los eventuales clasificados a octavos de final, con una distancia hasta peligrosa con la parte alta, esa que define la localía en los cruces.
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Por otro lado y en el plano de las decisiones, está claro que en la percepción del DT no hay una sensación de ultimátum. Eso se desprende de sus palabras tras cada uno de los partidos que terminan con la atención puesta en cómo será su semblante en la conferencia de prensa y donde suele declarar básicamente un mismo discurso y con un tono por lo general calmo y sin alteraciones.
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El respaldo dirigencial, sus motivos y su límite
Pero fundamentalmente, las dudas sobre un recambio en el puesto que desde el retorno de la crisis (¿la derrota con Vélez? ¿El empate con Platense?) aparece en la agenda de cada uno de los análisis sobre la realidad de Boca, se diluye a partir del respaldo que por lo bajo recibió y recibe de una dirigencia que parece hasta resignada con la dificultad para encontrarle un dueño del puesto que genere consenso.
“Tiene que ganar y nada más. El mejor ejemplo es Scaloni”, es uno de los testimonios que internamente pudo recoger Olé en off durante el transcurso de la semana, a propósito de la evaluación acerca del trabajo de Sifón, comparándolo como alguna vez hizoLeandro Paredes con el entrenador de la Selección campeona del mundo.
Una sentencia que da cuenta de la dimensión a la cual pueden proyectar al hombre que llegó como ayudante de campo y hoy tiene frente a sí a todos los focos apuntando a su cabeza, pero a su vez la aceptación de que sin resultados no habrá mucho por hacer.
Ganar o ganar
Por eso, si el blindaje que tiene el actual cuerpo técnico se limita a conseguir mejorar en lo matemático, bien podría decirse que hasta la más férrea defensa de un Juan Román Riquelme preocupado por la actualidad -y por los cuestionamientos que lo vuelven a sobrevolar- puede verse vulnerada si en la Fortaleza las cosas siguen sin salir.


