Omar Pérez, el ex jugador de Boca de 44 años que sufrió un infarto de miocardio y logró atravesar el mal momento, abrió su corazón en un mano a mano con Olé. Contó el minuto a minuto de lo que vivió aquel 5 de febrero de 2026, hace menos de un mes. Por momentos lo invadió la emoción, se le pusieron los ojos vidriosos, aunque mantuvo la compostura y siguió con su relato. La fibra sensible son sus hijos. Admitió que ahora le gustaría compartir más tiempo con ellos. Momentos conmovedores con sus pensamientos mientras estaba en la camilla del hospital; también de alegría cuando habló de Colombia y de sus planes a futuro. Su parrilla, su academia y su sueño de ser director técnico están más latentes que nunca.
-¿Cómo comenzó todo?
-Ese día, por la mañana fui al gimnasio y estuve trabajando con uno de los profes. Mi hijo Franco, el que juega en Boca, debutaba en la Reserva. Entonces, como terminé temprano, aproveché y me fui al sauna para hacer un poco de tiempo y esperar el partido. Ahí sentí el primer síntoma, algo que no me había pasado nunca en mi vida: un dolor fuerte en el pecho. En ese momento le avisé al cuidador. Entonces él fue y llamó a un doctor. Le respondieron que podía llegar en 30 ó 40 minutos. Y yo pensé: “No, me voy directamente a la clínica. A ver si es algo grave”. Esa fue una muy buena decisión.
Sofía Sottile
-¿Ahí ya sospechabas que te pasaba algo importante?
-Fue todo muy rápido. De hecho, cuando me hicieron el electrocardiograma pedí permiso para ver el partido de mi hijo. Estaba acostado en la camilla mirando los primeros minutos. Pero una vez que me metieron en el quirófano, ya no pude ver nada… Por eso, lo primero que hice cuando salí de ahí fue preguntar cómo había salido Franco y si había jugado.
Sofía Sottile
-¿En qué pensabas mientras estabas en la camilla?
-Pensé en muchas cosas… En mi familia y mis hijos por sobre todo. También entendí que la vida se te pasa en un segundo. De repente te encontrás en una posición en la que no podés hacer absolutamente nada. Lo único que me quedaba era rezar y pedirle a Dios que todo estuviera bien.
-En ese momento se te cruzan mil cosas por la cabeza, ¿no?
-Yo lo único que anhelaba era salir del quirófano. Estuve una hora mirando el techo y analizando la vida… Una situación que sentía muy injusta para mí, pero bueno, seguramente algo hice mal para llegar ahí.
-¿Te asustó escuchar la palabra “infarto”?
-Yo vengo de una situación fuerte por el cáncer de mama de mi esposa. Esa palabra te lleva a una situación extrema, ¿no? Lo mismo pasa cuando te dicen infarto. Tiene mucha potencia, pero no significa todo lo que la mayoría de las personas entienden. De hecho, yo también lo imaginaba como algo mucho más masivo. Eso llevó a que mucha gente me escribiera, y me sigue escribiendo, sin entender exactamente qué es un infarto.
-¿Ya pasó el mal momento?
– Sí. Pero fue un susto grande. Encontrarme con una arteria tapada por colesterol, teniendo en cuenta que toda mi vida hice deporte, me llamó mucho la atención. Por suerte el cuerpo me avisó a tiempo, y en un momento en el que estaba consciente de lo que hacía. Cuando me empezó a doler el pecho, en lo primero que pensé fue en ir a la clínica. El accionar de los médicos también ayudó mucho a que hoy el corazón esté 100% sano. Eso es lo importante.
-¿Tenías antecedentes en la familia?
-No, ninguno. Toda mi familia estuvo vinculada al fútbol. O sea que nadie ni siquiera me habló alguna vez de un infarto.
-¿Te venías haciendo estudios o fue totalmente de sorpresa?
-Creo que ahí está el error. Porque hace aproximadamente un año sentí una palpitación cerca del corazón que me llamó la atención. Me preocupó y me hice un estudio. El doctor Salazar, que fue quien finalmente me operó, me analizó y me dijo que estaba todo en condiciones óptimas, aunque me aclaró sobre el tema del colesterol. Me dio unas pastillas, pero así como las compré, las guardé en el cajón y no las tomé. Fue mi gran equivocación.
-O sea que tuviste un aviso y no le diste mucha importancia.
-Sí, tal cual. A veces uno cree que no le va a pasar nada porque hace deporte. Pero me tocó. Aunque gracias a Dios fue un aviso a tiempo, que lo pudimos solucionar. Y hoy en día no tengo otra consecuencia más que un stent en la arteria.
-¿El apoyo de tus seguidores fue un motor para tu pronta recuperación?
-El cariño de la gente fue fundamental. Me mandaron su apoyo muchos amigos por mi pasado en Boca, también gente del barrio que es de River, colombianos hinchas del Millonarios… Más allá de las diferentes camisetas, el cariño se dio de una forma muy sana. Sentí esa fuerza. Sobre todo sabiendo que uno está tan cerca o tan lejos de la muerte.
-¿Hubo algún mensaje que te sorprendió?
-Mucha gente me escribió, de hecho tengo miles de mensajes sin leer aún. Hay gente con la que tuve una relación muy especial en tiempos de Argentina, de Boca, de mi infancia en Santiago del Estero. Incluso personas como Néstor Lorenzo, el DT de la selección Colombia, que me invitó a comer. Son esos mensajes especiales que significan mucho, más allá de que hayan pasado años sin tener una conversación. Sin embargo, están ahí y si tienen mi contacto es porque alguna vez hubo un vínculo.
-¿Cómo es ser ídolo en Colombia?
-Se dio por diferentes cuestiones. Estar en un club como Independiente Santa Fe, con un equipo que ganó una Copa Sudamericana con un presupuesto bajo; haber ido a Japón y quedar campeón sin que te conozcan demasiado; haber ganado nueve títulos… Yo no me lo imagino de esa forma, pero la gente me lo demuestra constantemente. Vienen a la parrilla que tengo en Colombia, me dan un abrazo, me piden una foto y me agradecen todo lo que vivimos durante ocho o nueve años.
-¿Cuál fue el momento más fuerte al hablar con tu familia?
-Sabiendo que mi mamá es un poco nerviosa, en el momento no le conté nada a nadie. Recién una vez que salí del quirófano, lo primero que hice fue juntarme con mi esposa y pedirle que la llamara a ella. Ahí hablé y le dije que estaba bien. Conociéndola, traté de tranquilizarla antes de contarle en profundidad lo que me había pasado.
-¿Y en qué momento hablaste con Franco, tu hijo?
-A la noche, después de que disfrutara todo lo que le tocaba vivir. No quería empañarle su alegría, el hecho de cumplir su sueño de estar con 17 años en la Reserva de Boca. Se lo contamos después del partido y de una forma mucho más tranquila, sabiendo que había superado el momento.
-¿Y ahora qué sigue? ¿Cuáles son tus planes a futuro?
– Disfrutar la vida. En Colombia somos muy felices. Nuestro proyecto, tanto el de la parrilla como la academia, crece constantemente. Tuvimos la posibilidad de sacar diferentes chicos, no solamente para Argentina, y estamos en constante tratativas con diferentes clubes. Boca me dio una formación que traslado acá. Me motiva hacer algo por los chicos.
-¿Cómo surgió la idea de la academia?
-Siempre la tuve como un norte para mi vida. De hecho, la empresa la fundé estando vigente, en el 2015. Mi concepto es tener un espacio en donde se juegue al fútbol, y a la vez se disfrute un buen asado. Es una forma de seguir vinculado a mi pasión. Si bien soy técnico y me preparé, tengo la certificación de la Universidad de Colombia que me avala como tal. Estoy esperando mi turno. Con la academia hago un curso acelerado.
-¿Qué significa el fútbol para vos?
-Mi vida. Mi abuelo fue futbolista, después árbitro. Y mi papá, jugador y técnico. Desde muy chico estuve vinculado a lo que es una vuelta olímpica con el Club Atlético Güemes, donde mi viejo es ídolo. Siempre en un vestuario, en una cancha de fútbol. Güemes está a media cuadra de la casa de mi mamá. Yo me crié ahí. Me pone orgulloso que cada uno de los pasos que me tocó dar fue con el sacrificio que hoy veo reflejado en mis hijos. Están pendientes de Boca sin que algunos vivan allá, están pendientes de Güemes sin saber qué es.
-Después de lo que te pasó, entendiste que hay que disfrutar la vida día a día. ¿Qué cosas te quedan pendientes?
– En los últimos años no pude disfrutar de muchas cosas. Ahí aparece volver a Santiago, disfrutar de mis amigos y de mi familia. Es una cuota pendiente. Estar más atento a mis hijos que hace tres años están en Argentina. Soltar un poco el trabajo. Y lo que aspiro de aquí al futuro también es dirigir.
-Si tenés que decirme tu club soñado para dirigir, ¿cuál sería?
-Ojalá que exista la posibilidad algún día. Ahí, primero Güemes. Y segundo Boca, por supuesto.
Sofía Sottile


