La reiterada presencia de Kevin Castaño en el 11 de Riverya se ha vuelto imposible de comprender para los hinchas. También, muy difícil de explicar para Marcelo Gallardo -más allá de que aún no se haya referido al #22 en 2026-, porque el volante central por el que club invirtió €12.860.000 en marzo de 2025 y que nunca mostró cualidades acordes a la exigencia de un equipo del Muñeco sigue sumando chances a pesar de no ser un 5 de quite, tampoco un mediocampista posicional y -mucho menos- de elaboración de juego ni llegada al área rival. Características que lo dejaron aún más al desnudo al compartir la mitad del campo con Fausto Vera y Aníbal Moreno en el amistoso ante Peñarol.
Es evidente que la mirada del deté no coincide con lo que se advierte del nivel del colombiano. Y cada vez cuesta más justificar su titularidad o entender qué virtudes le ve Gallardo a Castaño para sostenerlo cuando no metió ningún gol con la Banda, apena aportó dos asistencias (en los octavos del Apertura ante Barracas y en el 6-2 vs. Independiente del Valle en la Copa Libertadores) y no deja de repetir errores, como su puntín hacia atrás en la jugada que inició el 0-2 con Boca en el último superclásico, sus imprecisiones en los pases (ante Peñarol, uno casi termina en el 0-1) y faltas por imprudencia.
El Muñeco entiende que el principal déficit en 2025 estuvo en la zona de gestación de juego más que en la escasez de goles. Y el propio Kevin Castaño le genera más problemas que soluciones para colaborar en ese aspecto con su compatriota Juanfer Quintero: corre más de lo juega y carece de orden táctico, interpretación del juego y, mucho más aún, de vértigo.
Por eso, en el balance, lo poco (o único) que se le puede considerar favorable a Castaño es su despliegue físico para completar los 90 minutos sin sufrir desgaste ni lesiones. Pero el resto de sus estadísticas lo condenan: tiene un promedio de 4,5 pelotas recuperadas, de 1,2 despejes y de 1,1 en intercepciones por partido. Muy poco. Y en ofensiva, su media en remates es de 0,5 por juego y de apenas 0,1 al arco, aunque su peor métrica es la pérdida de balones: 9,7 por juego.
Incompatible en un medio demasiado espeso con Vera y Moreno, habrá que ver si MG lo sostiene en el 11 este sábado en la visita a Barracas, pero lo de Kevin ya pasó a Castaño oscuro.




